El AMG GT 4 puertas se queda sin botones
Mercedes-AMG ha desvelado el interior de la próxima generación del AMG GT coupé de cuatro puertas. En el habitáculo, los ingenieros de Affalterbach intentan resolver una ecuación curiosa. ¿Cómo se entrega precisión de circuito en una máquina de lujo que probablemente pese tanto como un pueblo pequeño?
No estamos ante un simple rediseño del habitáculo. El equipo liderado por Michael Schiebe quiere vender al conductor algo más ambicioso: un sistema nervioso digital para un coche en el que la respuesta de los motores eléctricos ya corre más que los reflejos humanos.
Cuando el reglaje del coche empieza a parecerse a un videojuego
El nuevo sistema AMG RACE ENGINEER cambia la forma de relacionarse con el coche. En lugar de perderse en capas de menús para ajustar la dureza de la suspensión o el comportamiento del sistema de propulsión, Mercedes coloca tres mandos giratorios en la consola central.
No accionan cables ni válvulas mecánicas. Tocan software. Y ese software gobierna tanto la dinámica vertical del vehículo como los sistemas de tracción.
El dial Response Control decide con qué rapidez reaccionan los motores eléctricos. Aquí no hay mariposa de admisión que se abra físicamente como en un motor de combustión: el programa ajusta el flujo de corriente en milisegundos.
Agility Control modifica la estrategia de reparto de par, dirigiendo la potencia entre ruedas para ayudar a que una carrocería grande rote en curva con más mordiente. Traction Control, por su parte, introduce una gestión del deslizamiento en nueve etapas, con margen para elegir desde una estabilidad conservadora hasta un modo de derrapaje capaz de destrozar neumáticos.
Un puesto de mando dominado por pantallas
El salpicadero gira alrededor de dos grandes displays. Detrás del volante aparece un cuadro digital de 10,2 pulgadas. En el centro manda una pantalla principal de 14 pulgadas, colocada en ángulo.
Ese monitor central se orienta hacia el conductor. El acompañante, mientras tanto, recibe su propia pantalla de entretenimiento de 14 pulgadas.
La consola central suma además dos bases de carga rápida por inducción, separadas de los posavasos. La lógica es sencilla: el café de la mañana no debería sentenciar un smartphone.
Mercedes pisa el acelerador del software
Este interior también deja claro hasta qué punto Mercedes-Benz empieza a entender el coche como una plataforma de software, más que como un producto puramente mecánico.
El nuevo MB.OS, siglas de Mercedes-Benz Operating System, actúa como columna vertebral digital. A nivel estratégico, la marca busca reducir su dependencia de empresas tecnológicas externas.
En Affalterbach han conectado la plataforma directamente a la nube para que la aplicación AMG TRACK PACE analice la telemetría en tiempo real. Traducido: el cliente ya no compra solo desarrollos mecánicos o relaciones de cambio. Compra capacidad de cálculo.
La artesanía no desaparece
Pese al énfasis digital, la marca mantiene un vínculo claro con la tradición a través del programa MANUFAKTUR.
El cuero con patrón de rombos en los paneles de las puertas remite directamente a coches de carreras históricos. El contraste llega con el techo panorámico SKY CONTROL, de estética ultramoderna.
Este techo de cristal puede pasar de transparente a opaco con solo pulsar un botón gracias a una tecnología de cristal líquido. En climas fríos, además, el sistema ayuda a limitar la pérdida de calor.
El resultado es un habitáculo que intenta equilibrar herencia y rendimiento dictado por software. Que el conductor lo lea como progreso o como una rendición silenciosa ante la era digital queda, de momento, en el aire.