Maserati presenta su Tourbillon, esta vez para la muñeca: el UltraFino Maserati une el superdeportivo MCPURA con la alta relojería suiza
Maserati lleva su lógica de producto halo al mundo de los relojes. Desarrollado junto al relojero de Neuchâtel Bianchet, el UltraFino Maserati es un tourbillon volante limitado a 100 unidades y con un precio de 75.500 francos suizos, 78.900 euros, antes de impuestos. Debutó en Watches and Wonders 2026, en Ginebra, y el proyecto coincide con el centenario del Tridente y con la intención de la marca de afianzarse en el lujo técnico.
A diferencia de muchos relojes que se limitan a lucir el emblema de un coche, Maserati ha ido más allá de colocar su insignia en la esfera. El UltraFino Maserati toma su lenguaje visual directamente del superdeportivo MCPURA. La esfera esqueletizada evoca la arquitectura de las llantas del coche, el tono Ai Aqua Rainbow procede de la paleta Fuoriserie Collezione Futura de Maserati y la fibra de carbono conecta la caja del reloj con el monocasco del MCPURA. Maserati y Bianchet articulan así un mensaje común: ligereza, rigidez y precisión mecánica deben significar lo mismo en la muñeca que en la carretera.
En el plano técnico, el UltraFino Maserati resulta sólido incluso sin el relato automovilístico. El calibre automático de tourbillon volante UT01 de Bianchet tiene un grosor de 3,85 milímetros, emplea 225 componentes y 29 rubíes, ofrece 60 horas de reserva de marcha y, según el fabricante, soporta impactos de hasta 5000G. El grosor total se queda en torno a 9,9 milímetros, la resistencia al agua alcanza 5 ATM y la caja combina fibra de carbono de alta densidad con caucho vulcanizado.
La relación con el MCPURA ayuda a Maserati a situar este reloj como la expresión más pura de sus ambiciones técnicas. El MCPURA recurre a un V6 Nettuno biturbo de 3,0 litros y 630 CV, un monocasco de fibra de carbono y un peso inferior a 1.500 kilogramos. Maserati afirma que acelera de 0 a 100 km/h en menos de 2,9 segundos.
Eso también da al reloj un papel que va más allá del simple merchandising. Es un símbolo cuidadosamente pulido de todo lo que Maserati quiere seguir asociando a su marca: dramatismo de ingeniería, materiales exóticos y un tipo de precisión que suena mejor en italiano, aunque se ensamble en Suiza.
El contexto financiero, eso sí, es bastante menos glamuroso. Según Stellantis, las entregas de Maserati cayeron un 30,1 por ciento en 2025, hasta 7.900 coches, los ingresos se redujeron a 726 millones de euros y el beneficio operativo ajustado cerró con unas pérdidas de 198 millones de euros. La compañía atribuyó el descenso sobre todo a unas ventas más débiles de los Grecale y Levante. Si Volkswagen puede arañar margen extra con las salchichas, Maserati prueba ahora suerte con los relojes. El beneficio tiene que salir de algún sitio.
Un reloj de pulsera no rescatará el balance, pero sí puede reforzar el activo más valioso de Maserati: su imagen.