Así destroza Mansory un Lamborghini con fibra de carbono
La línea entre la mejora inspirada y el exceso de mal gusto es tan fina que a menudo no la ves hasta que alguien la pisa sin miramientos. Mansory, el preparador alemán, no se limita a cruzar límites: los aplasta, y su último experimento, el Carbonado V12 basado en el Lamborghini Revuelto, lo demuestra con creces.
Mansory ha vuelto a hacer de las suyas. El Carbonado V12, construido sobre la base del Lamborghini Revuelto, es la prueba de que con suficiente dinero y fibra de carbono, hasta una obra maestra de la ingeniería moderna puede convertirse en algo que recuerda más a un electrodoméstico furioso que a un superdeportivo italiano.
Mientras los ingenieros de Lamborghini pasaron años perfeccionando la aerodinámica en el túnel de viento, Mansory parece haber abordado el proyecto con un cincel y un barril de carbono forjado.
Más potencia, más espectáculo
Mansory no se conformó con la agresividad visual. También metió mano en el complejo sistema híbrido enchufable del Revuelto, donde un V12 atmosférico de 6,5 litros trabaja junto a tres motores eléctricos.
De serie, el Revuelto entrega 1015 CV. Tras la recalibración de Mansory y un escape revisado, la cifra sube a 1106 CV, equivalentes a 825 kW. El par máximo sigue siendo un misterio, pero el mensaje es claro: más siempre es mejor.
Las cifras mejoran apenas. El 0 a 100 km/h cae a 2,4 segundos, una décima menos que el original. La velocidad máxima sube a 350 km/h, al menos sobre el papel. Intentar semejante hazaña con el alerón trasero de Mansory exige valor o una autopista alemana perfectamente lisa.
En la vida real, la potencia extra es casi anecdótica. Pero en el mundo de las prestaciones extremas, los números son la moneda de cambio.
Fibra de carbono hasta en la sopa
Toda la carrocería recibe el tratamiento de carbono forjado típico de Mansory. No es un simple vinilo, sino un reemplazo estructural de los paneles exteriores, que deja al coche con un aspecto de mármol fracturado. Donde Lamborghini buscaba ligereza visual, Mansory añade peso visual.
Delante, llantas monotuerca de 21 pulgadas. Detrás, 22 pulgadas que llenan los pasos de rueda. Sus cubiertas aerodinámicas parecen más cuchillas industriales que piezas de competición. La sutileza nunca estuvo en el guion.
Dentro, como siempre, el cliente puede elegir cualquier combinación de cuero, costuras y molduras, siempre que su imaginación y cuenta bancaria lo permitan.
Exclusividad a base de provocación
Kourosh Mansory conoce a su clientela. Para cierto estrato de ultrarricos, un Lamborghini de fábrica es casi vulgar. El Carbonado V12 no busca récords en circuito, sino dominar los bulevares de Dubái o Mónaco.
Aquí la provocación es la estrategia. Mansory vende exclusividad amplificando la agresividad visual hasta convertir el coche en un debate rodante. Desde el punto de vista empresarial, es brillante: el margen en paneles de carbono a medida y tapizados exclusivos supera con creces el coste de producción. En este segmento, la polémica es una virtud, no un defecto.
Completamente impráctico, y a propósito
En carreteras normales, el Carbonado V12 es tan apropiado como un esmoquin en una lonja de pescado. Con la suspensión rebajada y un splitter delantero descomunal, el primer badén puede acabar en una lluvia de fragmentos de carbono y arrepentimiento silencioso.
En climas duros, la sal y el barro arruinarían el espectáculo en un suspiro. Mantener un sistema híbrido tan modificado exige especialistas que escasean. Si el software del Revuelto se rebela ante los retoques de Mansory, no hay botón de reinicio fácil.
Este coche está pensado para lugares donde el asfalto es perfecto y la única precipitación digna de mención es el champán. Como ejercicio de contención técnica, fracasa estrepitosamente. Como declaración de intenciones, triunfa con una claridad brutal.