El Mansory Azura convierte el Mercedes AMG G 63 en un descapotable de dos puertas con 820 CV
Mansory ha presentado el Azura, una nueva reinterpretación extrema del Mercedes AMG G 63. El modelo estrena una carrocería acortada, dos puertas de apertura inversa, capota de lona de accionamiento eléctrico, interior turquesa y un motor V8 ajustado hasta 820 CV.
La Clase G se convierte en un descapotable de dos puertas.
El Mansory Azura parte del actual Mercedes AMG G 63, aunque el SUV de serie actúa aquí más como punto de partida que como coche terminado. El preparador ha acortado la carrocería y la distancia entre ejes, ha instalado dos puertas más largas y ha pasado a una apertura inversa. El techo metálico deja su sitio a una capota de lona con accionamiento eléctrico, forrada y pensada para su uso durante todo el año.
Por fuera sigue el guion habitual de Mansory: un enorme kit de carrocería ensanchada, nuevos elementos aerodinámicos, llantas FC.15 de 61 cm y un acabado bitono en el que el turquesa domina tanto la carrocería como las ruedas. No es una serie especial discreta. Es un encargo deliberadamente teatral.
Interior turquesa, más potencia.
En el habitáculo, Mansory recubre casi todo con cuero turquesa. El acabado exacto, el tipo de piel, las costuras y los detalles en fibra de carbono dependen del comprador, ya que la firma plantea el Azura como un proyecto individual y no como un modelo de producción convencional.
El cambio técnico más importante está bajo el capó. El V8 de 4,0 litros recibe turbocompresores de mayor tamaño, un nuevo sistema de escape y una reprogramación de la unidad de control del motor. La potencia sube hasta 820 CV y el par alcanza 1.150 Nm. Según Mansory, el Azura acelera de 0 a 100 km/h en cuatro segundos.
El precio queda entre Mansory y el cliente.
Mansory no ha revelado ni el precio del Azura ni su volumen de producción. Eso encaja con la lógica del proyecto. Este tipo de coche no compite con un SUV de lujo racional. Vende visibilidad, diferenciación y la posibilidad de encargar una Clase G en una configuración que la propia Mercedes no ofrece.
Mansory no hace que la Clase G sea más versátil ni más práctica. La hace más rara, más estridente y visualmente más rotunda. Para el comprador que busca discreción, este es exactamente el coche equivocado. Para quien piense que incluso un G 63 resulta demasiado corriente, encaja de lleno en el modelo de negocio de Mansory.