Li Auto recorta cien concesionarios y entra en modo supervivencia
Li Auto, la joven promesa del sector automotriz chino conocida también como Lixiang, ha llegado a un punto de inflexión: la expansión agresiva cede paso a la supervivencia. La marca anunció el cierre de aproximadamente cien concesionarios y puntos de venta en su mercado local. Esta decisión no es un simple ajuste estético, sino una respuesta pragmática ante la desaceleración del mercado y el hecho de que sus ambiciosos objetivos de ventas para 2025 siguen siendo una quimera.
Actualmente, Li Auto cuenta con una red de unos 900 puntos de venta en China, de los cuales más de la mitad están bajo control directo de la empresa. Aunque en las redes sociales chinas circulaban rumores sobre despidos masivos y cierres aún más drásticos, el fabricante ha salido a aclarar su postura. Los cierres se centrarán en ubicaciones poco rentables, especialmente en centros comerciales de lujo en grandes ciudades donde los alquileres desorbitados ya no se justifican ante unas ventas estancadas.
Un baño de realidad para el sector eléctrico
El revés de Li Auto es una señal de alerta para todo el sector de vehículos eléctricos en China. El año pasado, la marca vendió cerca de 406.000 unidades, una cifra que impresiona en el papel pero que apenas representa el 63 por ciento de sus metas declaradas. Es una lección clara: ni la tecnología más avanzada puede salvar a una empresa si los costes operativos superan el interés del consumidor.
Curiosamente, Li Auto no es la única que navega esta tormenta. Porsche, el icono del lujo, también estaría planeando una dieta similar en China, con la posibilidad de reducir su red de concesionarios a la mitad para finales de 2026. El mensaje es claro: el mercado chino deja de ser un paraíso aristocrático para convertirse en un campo de batalla donde solo sobrevivirán quienes dominen sus costes.
En definitiva, el movimiento de Li Auto indica que la estrategia de "quemar dinero y conquistar" ha sido reemplazada por una obsesión por la rentabilidad real. La era de los almuerzos gratis y las subvenciones estatales infinitas ha terminado. Ahora, cada metro cuadrado y cada empleado se evalúan con lupa, porque la eficiencia es la única moneda que cuenta en un mercado cada vez más implacable.