Lexus vende un eléctrico con sensación de cambio de marchas
En el RZ 550e F Sport europeo, Lexus ha introducido un sistema llamado Interactive Manual Drive, que simula una transmisión de ocho velocidades, sonido de motor y la sensación de cambiar de marcha. El verdadero interés no está tanto en la caja de cambios en sí como en cómo una marca premium intenta convertir la asepsia de los eléctricos en emoción mediante software.
Lexus Europe describe Interactive Manual Drive como un sistema que se activa con el botón M Mode. Genera cambios de marcha virtuales en función de la posición del acelerador y de la velocidad del vehículo, y permite al conductor gestionarlos con las levas del volante. Puede llamarse caja de cambios falsa si se quiere. Técnicamente, es más preciso definirlo como un modo de conducción de ocho velocidades basado en software, que integra entrega de par, sonido e información en la instrumentación en un solo conjunto.
La propia Lexus no pretende presentar esto como un cambio en la arquitectura del sistema de propulsión. En la presentación europea del RZ, la marca vincula Interactive Manual Drive directamente con la expresión sistema virtual de cambio de marchas, mientras que en la ficha técnica del RZ 550e F Sport el apartado de transmisión sigue indicando simplemente automática. El precio del coche se sitúa entre 84.500 y 85.250 euros, la batería tiene 77 kWh, acelera de 0 a 100 km/h en 4,4 segundos y la autonomía alcanza 462 kilómetros. Eso deja clara la idea: Lexus vende una capa emocional superpuesta a un sistema eléctrico convencional, no una nueva solución mecánica.
El núcleo del sistema está en la BEV ECU. Lexus calcula el par virtual del sistema de propulsión a partir de la demanda del acelerador y de la velocidad del coche, lo multiplica por la marcha virtual seleccionada y devuelve una combinación cuidadosamente dosificada de sensaciones. El conductor recibe una respuesta modificada del sistema de tracción, sonido sintético, una sensación de carga ascendente y descendente, y una instrumentación que imita un cuentarrevoluciones. Lexus añade además tres niveles de sonido, todo ello para dar al conductor una sensación de control que un eléctrico de una sola velocidad no suele ofrecer.
El RZ actualizado también llega con mejoras más tangibles: una batería mayor de 77 kWh, un cargador embarcado más rápido de 22 kW, tiempos de carga más cortos, un sistema steer by wire y una versión tope de gama más potente, con 300 kW. Frente a esas mejoras racionales, Interactive Manual Drive da a los compradores un motivo más psicológico para dar el salto al F Sport, más caro. El ingeniero jefe Shinya Ito vino a decirlo así en la presentación. Lexus quiere demostrar que los coches eléctricos pueden ofrecer valor experiencial además de transporte. Eso deja bastante claro que el sistema sirve tanto a la imagen de marca como al margen de beneficio.
Lexus no entra aquí en un terreno virgen. Hyundai presentó N e Shift ya en 2022 sobre el prototipo de desarrollo RN22e, y más tarde llevó la idea al IONIQ 6 N con sonido, señales luminosas y software de prestaciones. Lexus ha llegado después, pero ahora aplica la misma lógica a un SUV eléctrico premium de gran difusión. Solo eso ya sugiere que el cambio virtual de marchas puede convertirse pronto en un paquete de carácter basado en software, y no en un truco técnico aislado.
Las cifras de potencia cuentan una historia parecida. El RZ 550e F Sport europeo entrega 300 kW, o 408 CV, alcanza los 100 km/h en 4,4 segundos y ofrece hasta 450 kilómetros de autonomía, mientras que el RZ 600e F Sport Performance para el mercado japonés eleva la potencia total a 313 kW, o 425,5 CV, pero mantiene sin cambios el 0 a 100 km/h en 4,4 segundos. Está claro que Lexus está menos interesada en una guerra de cifras puras que en una experiencia de conducción cuidadosamente afinada, en la que el software moldea el carácter tanto como los motores mueven el coche.
Eso es lo que hace que este movimiento resulte más interesante de lo que parece a primera vista. Lexus no intenta convencer a nadie de que un eléctrico necesite de repente cambios de marcha reales. Lo que hace es reconocer algo que la industria ha pasado años intentando ignorar: que la velocidad por sí sola no es lo mismo que la emoción.