Hermeus rompe la barrera del sonido con su Quarterhorse no tripulado y acelera el desarrollo hipersónico
El Quarterhorse Mk 2.1 de Hermeus alcanzó Mach 1,21 en su tercer vuelo de pruebas. Aún no es velocidad hipersónica, pero el hito cuenta: la empresa estadounidense llevó un avión a reacción pilotado a distancia más allá de la barrera del sonido menos de tres meses después de su primer vuelo, mientras ya construye los siguientes prototipos, más rápidos.
Hermeus todavía no vende el avión de pasajeros del futuro. Está demostrando velocidad de desarrollo.
Según Hermeus, el Quarterhorse Mk 2.1 despegó desde Spaceport America, en Nuevo México, y superó la velocidad del sonido en el espacio aéreo de White Sands Missile Range. La compañía fija la velocidad máxima en Mach 1,21. En una atmósfera estándar a nivel del mar, esa cifra equivaldría a unos 1.490 km/h, aunque el valor real depende de la altitud y de la temperatura del aire. Hermeus publicó el Mach alcanzado, pero no la altitud, la duración del vuelo ni el tiempo que permaneció por encima de la barrera del sonido.
El Quarterhorse Mk 2.1 todavía no es un avión hipersónico, ya que la velocidad hipersónica suele empezar en Mach 5. Hermeus lo utiliza como paso intermedio para recopilar datos sobre vuelo transónico y supersónico, comportamiento dinámico, funcionamiento de la toma de aire y procedimientos de operación remota.
La realidad técnica es más sobria que el sueño hipersónico.
El Quarterhorse Mk 2.1 es una aeronave pilotada a distancia, de tamaño aproximado al de un F-16, con ala delta, toma de aire de geometría variable y un motor Pratt & Whitney F100. Hermeus aún no emplea el Chimera, el motor híbrido turbina-estatorreactor que necesita para su objetivo final. Primero está validando la célula, la admisión, los sistemas de control y la infraestructura de ensayos en vuelo.
Eso hace que el vuelo resulte más sobrio desde el punto de vista técnico, pero también más interesante en términos industriales. Muchos programas hipersónicos pasan años en túneles de viento y modelos de simulación. Hermeus lanza prototipos al vuelo real, recupera los datos y construye el siguiente avión. Al Mk 2.1 le seguirán los Mk 2.2 y Mk 2.3, con la misión de elevar el límite de velocidad y reducir riesgos antes de los sistemas de nueva generación.
El Boom XB-1 y el NASA X-59 muestran hasta qué punto este nicho es estrecho.
El XB-1 de Boom Supersonic rompió la barrera del sonido en enero de 2025, al alcanzar Mach 1,18 a 36.514 pies, unos 11.130 metros. La diferencia importa. El XB-1 era un demostrador civil tripulado. El Quarterhorse Mk 2.1 es un avión de ensayos no tripulado con enfoque militar.
El X-59 de la NASA avanza en otra dirección. La NASA no busca con este avión la velocidad pura, sino un vuelo supersónico más silencioso. Estaba previsto que el X-59 pasara a régimen supersónico por primera vez a comienzos del verano, antes de apuntar más adelante a Mach 1,4 a unos 16.800 metros para probar un perfil de vuelo con una onda sónica más suave.
El X-43A no tripulado de la NASA ya alcanzó Mach 9,6 en 2004, pero aquel fue un experimento scramjet de corta duración impulsado por cohete, no un avión a reacción reutilizable, pilotado a distancia y capaz de despegar desde una pista. Por tanto, Hermeus no ha construido el avión no tripulado más rápido de todos los tiempos, pero sí dispone de una de las plataformas de desarrollo privado más rápidas que hoy siguen activas en ensayos en vuelo.
El dinero muestra que el Pentágono se lo toma en serio.
Dos días después del vuelo supersónico, Hermeus confirmó que la Defense Innovation Unit había ampliado el contrato en 159 millones de dólares. El límite total subió a 219 millones de dólares, unos 188 millones de euros. El programa no consiste solo en construir un avión rápido. Sus objetivos incluyen vuelo a alto número de Mach, liberación de carga útil a velocidad elevada y datos para la Fuerza Aérea y la Marina de Estados Unidos.
Eso convierte al Quarterhorse más en un acelerador de tecnología militar que en un heredero espiritual del Concorde. Si Hermeus consigue llevar una plataforma no tripulada reutilizable a ensayos en vuelo con rapidez y a menor coste, acorta el ciclo de desarrollo de sistemas de armas, sensores y futuros aviones hipersónicos.
Desde Europa, el cuello de botella civil sigue siendo la onda sónica.
En la aviación comercial europea, cruzar Mach 1 no basta. EASA subraya que, antes de permitir vuelos supersónicos sobre tierra, la industria debe demostrar niveles de onda sónica aceptables para el público. ICAO, por su parte, trabaja en procedimientos de certificación para el ruido en ruta de los aviones supersónicos.
Eso significa que la tecnología de Hermeus solo llegará al mercado civil europeo cuando velocidad, ruido, emisiones y certificación encajen en el mismo modelo de negocio. En defensa, el camino es más corto. Europa ya necesita plataformas rápidas de sensores, blancos y ensayos, pero la ventaja de Hermeus seguirá ligada por ahora al ecosistema estadounidense de defensa y pruebas en vuelo.
Radiografía técnica.
Aeronave: Hermeus Quarterhorse Mk 2.1, prototipo supersónico no tripulado y pilotado a distancia.
Vuelo de prueba: tercer vuelo desde Spaceport America, con velocidad supersónica alcanzada en el espacio aéreo de White Sands Missile Range.
Velocidad máxima: Mach 1,21, aproximadamente 1.490 km/h en condiciones estándar a nivel del mar como referencia.
Propulsión: Pratt & Whitney F100, mientras Hermeus sigue apuntando a su motor híbrido Chimera de turbina y estatorreactor en el futuro.
Escala del programa: límite contractual de la DIU de 219 millones de dólares, unos 188 millones de euros.
El Quarterhorse no ha hecho realidad el viaje hipersónico. Lo que ha logrado es más práctico, y quizá más útil: demostrar que Hermeus puede poner hardware en el aire, aprender rápido y volver con el siguiente intento, más veloz.