GM y Goodyear ayudan a NASA a poner en marcha un nuevo rover lunar rumbo al polo sur de la Luna
NASA ha seleccionado el Pegasus LTV de Lunar Outpost como uno de sus próximos rovers lunares tripulados de nueva generación. General Motors no lo desarrolla en solitario: aporta tecnología de baterías y trabajo en chasis y suspensión, Goodyear desarrolla neumáticos sin aire y Leidos respalda la parte tecnológica espacial. El objetivo va mucho más allá de los recorridos cortos de la era Apolo. Pegasus debe llevar a los astronautas más lejos por el polo sur lunar, operar sin tripulación y ayudar a construir una base lunar permanente.
No es un coche eléctrico corriente, sino un rover lunar contratado como servicio.
GM y Goodyear no están desarrollando por su cuenta un “coche eléctrico para la Luna”. El proyecto lo lidera Lunar Outpost. NASA seleccionó Pegasus dentro del programa Lunar Terrain Vehicle Services, y en el equipo figuran GM, Goodyear y Leidos. Según GM, los astronautas deberían conducir el Pegasus LTV en la Luna en 2028.
NASA también está cambiando por completo el planteamiento. La agencia no quiere ser propietaria del nuevo rover lunar en el sentido tradicional, sino comprar la movilidad como servicio a socios industriales. El LTV debe combinar un rover tripulado al estilo Apolo con un rover no tripulado al estilo Marte. Un astronauta puede conducirlo, pero el vehículo también debe desplazarse por control remoto o en modo autónomo, transportar carga y recoger datos entre misiones tripuladas.
GM lleva la experiencia de la era Ultium a la Luna
Desde el punto de vista del automóvil, el papel de GM es el más interesante. La compañía está adaptando tecnología de baterías de coches eléctricos para uso lunar y contribuye al desarrollo del chasis y la suspensión para que el vehículo pueda afrontar cráteres, pendientes pronunciadas y una gravedad equivalente a una sexta parte de la terrestre. GM también subraya su herencia del programa Apolo. La empresa ayudó a desarrollar las ruedas, la suspensión, el sistema de dirección y la cadena cinemática de los Lunar Roving Vehicle originales.
Eso no significa que Pegasus vaya a montar sin más una batería de GMC Hummer EV con una insignia espacial. El entorno lunar exige una gestión térmica, una tolerancia a fallos y una selección de materiales completamente distintas. El vacío, el polvo, la radiación, dos semanas de oscuridad y cambios violentos de temperatura someten a baterías y electrónica a unas condiciones que ninguna prueba todoterreno terrestre puede reproducir.
Los neumáticos de Goodyear deben funcionar donde el caucho fracasaría
El trabajo de Goodyear son los neumáticos. Un neumático convencional no sirve en la Luna porque no hay atmósfera, las temperaturas oscilan hasta extremos y el regolito es afilado y abrasivo. Goodyear explicó en su anterior proyecto Lunar Mobility que utilizaría su experiencia con neumáticos sin aire para desarrollar soluciones capaces de sobrevivir en la superficie lunar y en un rango térmico de aproximadamente menos 157 grados Celsius a más 121 grados Celsius.
Aquí hay un vínculo directo con el desarrollo de neumáticos en la Tierra. Los neumáticos sin aire resultan atractivos para coches, lanzaderas autónomas y micromovilidad porque no sufren un pinchazo convencional. La Luna es un laboratorio extremo para esta tecnología. Si un neumático puede sobrevivir al regolito, al vacío y a los ciclos térmicos, ese mismo conocimiento puede mejorar los sistemas de neumáticos sin aire en la Tierra.
Pegasus debe conducir, explorar y trabajar solo
Según Lunar Outpost, Pegasus lleva a dos astronautas sentados uno al lado del otro, les ofrece un amplio campo de visión y permite entrar y salir con rapidez llevando traje espacial. El vehículo debe funcionar en modos manual, remoto y autónomo. Pegasus también admite retransmisión en directo desde la superficie lunar, lo que significa que NASA lo ve no solo como transporte, sino también como plataforma científica y de comunicaciones.
La propia descripción de NASA añade un marco más medible. Pegasus es una solución LTV más ligera, diseñada para operar hasta un año, con modos de conducción manual, autónomo y teleoperado, y con una velocidad superior a 14,5 km/h. Eso no parece mucho según los estándares de un coche de carretera, pero en la Luna, entre cráteres y rocas, es una velocidad de trabajo, no un simple reclamo.
La competencia sigue dos caminos distintos
NASA no ha apostado todo a una sola opción. La agencia adjudicó a Lunar Outpost un contrato de 220 millones de dólares, unos 203 millones de euros, y a Astrolab otro de 219 millones de dólares, unos 202 millones de euros, para la primera fase del desarrollo del LTV y su entrega en la Luna. Blue Origin recibió un contrato de 188 millones de dólares, unos 173 millones de euros, para llevar los rovers a la superficie lunar con su carguero no tripulado Mark 1.
El CLV 1 de Astrolab se basa en la arquitectura FLEX, pesa unos 907 kg y puede moverse en terreno llano a más de 9,7 km/h. Pegasus, según la descripción de NASA, es más ligero y pone el foco en una operación de un año, tres modos de conducción y una tecnología con linaje Apolo. En la práctica, NASA está probando en paralelo dos filosofías. Una se orienta más hacia una plataforma logística y de transporte de carga, la otra hacia un vehículo tripulado más ligero y rápido.
Junto al buggy lunar del programa Apolo, el nuevo LTV es otra máquina
Los rovers lunares del programa Apolo solo trabajaron durante unos pocos días en las misiones de 1971 y 1972 y se mantuvieron relativamente cerca de los lugares de alunizaje. El material de contexto de Goodyear de 2022 señalaba que los rovers Apolo se construyeron para trayectos cortos de unos 8 km. Artemis necesita otra herramienta. El vehículo debe viajar más lejos, durar más y permanecer en la Luna cuando los astronautas ya se hayan marchado.
Aquí es donde la tecnología del automóvil se convierte en tecnología espacial. Un coche eléctrico terrestre debe ser cómodo, eficiente y seguro. Un rover lunar tiene que sobrevivir sin mantenimiento en un lugar sin vehículo de rescate, sin taller de neumáticos y sin red de recarga. Cada sistema necesita redundancia, porque una rueda averiada o una batería sobrecalentada no son solo un caso de garantía. Son un riesgo para la misión.
El punto clave: esto es desarrollo, no un vehículo de producción terminado
Pegasus forma parte de un contrato serio de NASA, pero todavía no es un vehículo que haya rodado en una misión. NASA afirma que los proveedores seleccionados deben perfeccionar sus diseños finales, realizar evaluaciones tripuladas y calificar unidades de vuelo para su preparación operativa durante los próximos 18 meses. Todavía hay un largo camino desde el banco de pruebas hasta el regolito del polo sur lunar.
Por eso conviene evitar la frase fácil de que “el coche de GM y Goodyear va a la Luna”. Más exactamente, Pegasus de Lunar Outpost ha sido seleccionado como uno de los primeros rovers lunares operativos de NASA dentro del programa LTV. GM aporta tecnología de vehículos eléctricos y de chasis, mientras Goodyear desarrolla neumáticos para uso lunar. Si el programa sigue su curso, los astronautas podrían utilizarlo en misiones lunares en 2028.
Resumen técnico
NASA ha seleccionado el Pegasus LTV de Lunar Outpost como una de las soluciones Lunar Terrain Vehicle del programa Artemis.
GM aporta tecnología de baterías y desarrollo de chasis y suspensión, mientras Goodyear crea neumáticos sin aire para la Luna.
Pegasus debe operar en modo manual, remoto y autónomo.
NASA describe Pegasus como un vehículo diseñado para trabajar hasta un año, con una velocidad superior a 14,5 km/h.
Lunar Outpost recibió un contrato de 220 millones de dólares, unos 203 millones de euros, Astrolab recibió 219 millones de dólares, unos 202 millones de euros, y Blue Origin recibió 188 millones de dólares, unos 173 millones de euros, para llevar los rovers a la Luna.