El Ford GT reordena el Nürburgring entre los coches de gasolina
Ford lanzó un mensaje claro en Nürburgring, en plena era de eléctricos e híbridos que sigue reescribiendo los récords. El Ford GT Mk IV completó la Nordschleife en 6:15.977, se colocó tercero en la tabla absoluta y se convirtió en el coche de combustión interna más rápido que ha rodado en el circuito.
Ford marcó ese tiempo el 1 de abril de 2026 y puso al volante a Frédéric Vervisch, piloto oficial de Ford Racing y ganador de las 24 Horas de Nürburgring. En la Nordschleife, de 20,832 kilómetros, firmó una vuelta que, en las comparativas oficiales, solo superan el Porsche 919 Hybrid Evo y el Volkswagen ID.R. Eso sitúa al GT Mk IV entre la élite del trazado.
La categoría importa tanto como el crono.
El reloj, sin embargo, solo cuenta una parte de la historia. El GT Mk IV es un coche concebido para circuito y sin homologación para carretera, así que encaja más en la lógica de un prototipo o de un modelo especial de pista que en la de un turismo de producción en serie. Por eso Ford no se lleva el récord absoluto de producción en Nürburgring. Ese sigue en manos del Mercedes-AMG One, que registró oficialmente un 6:29.090 el 23 de septiembre de 2024 y continúa siendo el coche de producción más rápido en completar el circuito.
Aun así, si la cima de la clasificación absoluta está ocupada por un Porsche híbrido y un Volkswagen eléctrico, el GT Mk IV le da a Ford algo de gran valor simbólico: el título del coche de gasolina más rápido que ha rodado jamás en Nürburgring. Es justo el tipo de mensaje que pesa en un momento en el que muchos fabricantes ya han vinculado las máximas prestaciones a la electrificación. Ford aprovechó esa tensión para recordar que el motor de combustión interna todavía puede ofrecer un ritmo puro y sin concesiones.
Construido con un único propósito.
El propio coche se desarrolló con ese objetivo. El GT Mk IV utiliza un EcoBoost V6 biturbo de mayor cilindrada y más de 800 CV, junto con una batalla más larga, una transmisión con desarrollos ajustados para competición, una suspensión puesta a punto para circuito y un paquete aerodinámico long tail ampliado, diseñado para aumentar la estabilidad y la carga aerodinámica en pista. Ford planeó solo 67 unidades, lo que convierte este logro en una demostración de ingeniería y en el broche final del programa GT.
Ford no vende el GT Mk IV como un modelo de volumen ni confía en él para salvar unos resultados trimestrales. La compañía lo utiliza como proyecto halo, una forma de reforzar su identidad prestacional y conservar un aura técnica que más adelante puede trasladarse a otros modelos. En ese sentido, el resultado en Nürburgring funciona como una forma de capital de imagen cuyo valor va mucho más allá de los ingresos de 67 coches.
Más de un trofeo.
Hay otra capa en esta historia. Con el Mk IV, Ford también se adjudicó el título del coche estadounidense más rápido de la historia en Nürburgring. Eso muestra que la marca persigue varios relatos a la vez, uno centrado en la credibilidad absoluta en circuito y otro en asegurar prestigio dentro del universo de los deportivos de altas prestaciones. También explica por qué Ford sigue manteniendo en el radar otros proyectos enfocados al uso en pista.
Al final, el 6:15.977 del GT Mk IV marca uno de esos raros momentos en los que ingeniería, legado y comunicación coinciden de lleno. La corona entre los coches de producción sigue en manos del AMG One, pero Ford se fue de Nürburgring con otro premio, y uno de gran carga emocional: el coche de gasolina más rápido y el coche estadounidense más rápido que han rodado jamás en el Infierno Verde.