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China prohíbe las manillas futuristas por seguridad

Autor auto.pub | Publicado el: 04.02.2026

El mundo de los coches eléctricos adora los trucos ingeniosos. Las manillas enrasadas que emergen de la carrocería como si fueran de ciencia ficción lucen perfectas en fotos de prensa y ferias tecnológicas. A partir de 2027, desaparecerán en China. El país ha confirmado una prohibición total de las manillas electrónicas, y la razón es la seguridad, no la estética.

La decisión afecta al mayor mercado de vehículos eléctricos del planeta y su impacto no se quedará en casa. Cuando China veta algo, el resto de la industria automotriz toma nota.

Las autoridades chinas han concluido que las manillas electrónicas representan riesgos reales en accidentes y en incendios. Si un coche sufre un impacto fuerte o pierde energía, las manillas pueden quedarse bloqueadas. Eso complica el trabajo de los equipos de rescate y retrasa la salida de los ocupantes justo cuando cada segundo cuenta.

Según la nueva normativa, los coches deberán contar con un sistema mecánico de respaldo que funcione de manera independiente a la electrónica. En la práctica, esto significa el regreso de la manilla tradicional, aunque esté más discretamente integrada en el diseño.

Durante la última década, las manillas retráctiles y sensibles al tacto se convirtieron en la seña de identidad de los eléctricos. Mejoraban la aerodinámica y reforzaban ese aire futurista. Ahora los fabricantes deben admitir que no toda genialidad tecnológica resiste la prueba de la vida real.

Varias marcas de renombre, como Tesla y numerosos fabricantes chinos, usaron las manillas electrónicas como firma visual. Las nuevas reglas obligan a replantear toda la estructura de la puerta, no solo un detalle menor.

Aunque la prohibición solo rige en China por ahora, es probable que los fabricantes adopten una solución global. Desarrollar sistemas de manillas distintos para Europa o América no tiene sentido económico. Por eso, la decisión china podría transformar la imagen de los eléctricos mucho más allá de sus fronteras.

Los reguladores de Europa y Estados Unidos observan con atención. El argumento de la seguridad ha resultado convincente y la pregunta ya no es si llegarán restricciones similares, sino cuándo.