Ámsterdam prohíbe la publicidad pública de coches con motor de combustión
Ámsterdam introdujo a comienzos de mayo una nueva prohibición publicitaria que limita la promoción pública de combustibles fósiles, viajes en avión, cruceros, contratos de gas, carne y coches con motor de combustión interna. La ciudad empezará a aplicarla plenamente en 2027.
No se trata de una prohibición de venta de coches de gasolina o diésel. La restricción afecta a la publicidad visible desde la calle o desde cualquier otro lugar de acceso público. En la práctica, esos mensajes desaparecerán sobre todo del mobiliario exterior, las paradas de transporte público y los soportes publicitarios repartidos por la ciudad.
Los concesionarios quedan fuera de la prohibición
Existe una excepción para los puntos de venta y su entorno inmediato. Los vendedores de coches podrán seguir ofreciendo información dentro y alrededor de sus exposiciones, pero la publicidad más amplia en el paisaje urbano quedará más limitada.
Ámsterdam sitúa ahora a los coches con motor de combustión en la misma categoría que los combustibles fósiles, los vuelos y los cruceros. Eso apunta a la dirección que está tomando la política climática. Ya no se trata solo de normas técnicas sobre emisiones. También entra en el terreno en el que se fomenta el consumo, se normaliza y se vende al público con una fotografía vistosa.
Menos escaparate para los coches de gasolina y diésel
Para la industria del automóvil, la decisión no provocará un desplome inmediato de las ventas. Sí cambia, sin embargo, el entorno de marketing. La visibilidad pública de los modelos de gasolina y diésel se reducirá, mientras que los coches eléctricos y electrificados ganarán peso casi por inercia.
Los Países Bajos ya han visto medidas similares en otros lugares, incluida La Haya. Por eso, el movimiento de Ámsterdam podría convertirse en modelo para otras ciudades europeas que quieran reducir la visibilidad cotidiana del consumo de combustibles fósiles.
A corto plazo, la prohibición afectará sobre todo a los espacios publicitarios y a la planificación de campañas. Con el tiempo, podría acelerar un cambio más amplio en la forma en que las marcas de coches se dirigen al comprador urbano: menos énfasis en la gasolina y el diésel, más en los coches eléctricos y en una movilidad que encaja mejor en la vida urbana.